Es el pensamiento, estúpido

Este es mi actual mantra.

Una nueva variante de la frase que popularizaron Bill Clinton y su equipo en las elecciones estadounidenses de 1992: Es la economía, estúpido.

Hace años, mientras estaba en una librería buscando encontrar el Santo Grial de la conquista de la felicidad, descubrí El arte de no amargarse la vida, de Rafael Santandreu, un psicólogo de Barcelona que practica la terapia cognitiva.

9788497545464
El arte de no amargarse la vida

El libro se convirtió en un bestseller (no porque lo leyera yo) y Santandreu se ha hecho muy popular. Ha escrito, con gran éxito, dos libros más, da conferencias por todo el mundo, colabora en un programa de televisión…

En ese pequeño libro hay mucho. Está casi todo. Y Santandreu lo cuenta muy bien y de forma muy amena. Expone, por ejemplo, dos conceptos claves aplicables a un sinfín de situaciones de la vida cotidiana y que son la causa de todas o la mayoría de nuestras neuras.

Necesititis: Convertimos deseos y preferencias en necesidades. Y esto es una enorme fuente de malestar. La clave es no necesitar nada, solo agua y comida. Se pueden tener deseos, pero ¿por qué necesitamos tener un novio, un buen coche, un gran sueldo o el reconocimiento de los demás? Porque pensamos mal.

Terribilitis: También porque pensamos mal, terribilizamos. Hacemos un drama de cosas que objetivamente no tienen gran importancia, nos quejamos constantemente por nimiedades, morimos de desamor… Pero el hecho es que nada es terrible. Lo peor que nos puede pasar es la muerte. Y, noticia, nos vamos a morir sí o sí. Así que venga, disfrutemos de la vida mientras estemos vivos.

Los que sufrimos de necesititis y terribilitis (la mayor parte de la población, o toda, en distintos grados), ¿cómo podemos cambiar esto?

Pensando bien.

Hacer deporte, comer sano, tener buenos amigos, un trabajo que te guste o una casa grande y cómoda… Todo eso está muy bien. Puede ayudar. Pero dejémonos de historias, la clave para ser fuerte emocionalmente está en el pensamiento. Según lo dirijamos estaremos mejor o peor. No porque nuestras circunstancias vayan necesariamente a mejorar (creer eso puede ser una enorme fuente de frustración), sino porque estaremos mejor sean cuales sean las circunstancias.

Haciendo deporte, comiendo sano, teniendo buenos amigos, un trabajo que nos guste o una casa muy grande, se puede estar fatal; sin hacer deporte, sin comer sano, sin buenos amigos y sin un trabajo que nos guste o una bonita casa, se puede estar bien. Volvemos a lo mismo, lo importante es nuestro diálogo interno, nuestro pensamiento.

¿Cómo podemos pensar bien?

Por un lado, sabiendo lo que hay que hacer, haciéndonos con una serie de herramientas y técnicas de eficacia comprobada. Por otro, con trabajo diario, porque los hábitos no se cambian fácilmente, y después de décadas pensando mal lo que sale de manera automática es eso.

Santandreu nombra habitualmente a filósofos griegos como Epicteto, artífice de la frase “No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede”, o Diógenes (el del síndrome),  que decían cosas que están en el mismo corazón de la terapia cognitiva.

Y, por supuesto, al padre de la criatura, Albert Ellis, creador de la terapia racional emotivo conductual (TREC).

Albert_Ellis
Albert Ellis

En sus primeros años como psicólogo, Ellis decidió que el psicoanálisis era la forma más profunda de psicoterapia, sin embargo pronto se desencantó y rompió con él. Desarrolló la TREC e hizo especial hincapié en la importancia del pensamiento para tener emociones sanas.

Entre los seres humanos adultos educados en una determinada cultura social el pensamiento y la emoción se interrelacionan tan íntimamente que se suelen acompañar entre sí, actúan en relación circular de causa-efecto, y en algunos sentidos son esencialmente lo mismo, así que nuestro pensamiento se convierte en emoción y nuestra emoción en pensamiento.

Es decir, si pensamos mejor, tendremos emociones más positivas, y las negativas no serán terribles, sino leves y funcionales.

Albert Ellis reconocía que puede haber emoción sin pensamiento, asociada a síntomas físicos, pero si no alimentamos la emoción con pensamientos negativos, desaparece.

Parecería que las emociones humanas positivas, como el amor, y las negativas, como la depresión, se hallan asociadas a pensamientos o frases internalizadas: “esto es bueno” o “ esto es malo”.  Si los adultos no emplearan tales pensamientos y frases en algún nivel consciente o inconsciente, muchas de sus emociones simplemente no existirían.

Esos pensamientos negativos tienen su origen en las creencias irracionales. Pongamos un ejemplo, siguiendo el modelo A-B-C de Ellis:

Lo que nos sucede (A): Me apetece invitar a una persona a salir conmigo.

Consecuencia (C): Ansiedad, pánico.

La creencia irracional (B): En este caso, lo que provoca esas emociones negativas extremas tan lamentables sería algo parecido a “si esa persona me dice que no, me voy a morir de vergüenza, seré un fracasado total. Además, es probable que me conteste mal, que me deje en evidencia y habré sido humillado”.

La solución es desmontar esta creencia irracional, no superficialmente, sino desmontarla intensa y profundamente, con argumentos racionales. Nadie se muere de vergüenza. Si pasas vergüenza en un momento determinado, no pasa nada, tu vida sigue exactamente igual. Evidentemente no serás un fracasado, sino que serás una persona que ha logrado traspasar sus límites y hacer algo que desea a pesar de que le resulta complicado; y en el caso de que la otra persona te tratara mal, no habrás sido humillado, el problema lo tiene ella.

Como dice Ellis:

La nuestra es una sociedad muy neurotizante, en la que la mayoría de las personas se encuentran más o menos alteradas emocionalmente porque se les educa para creer en puros disparates que a menudo les llevan a ser ineficaces, autoderrotistas y trastornados.

Según Albert Ellis y Rafael Santandreu, haciendo un trabajo intenso sobre el conjunto de creencias irracionales que nos limitan, cambiará nuestra filosofía de vida y cambiaremos nosotros. Estoy en ello.

Hace poco me he leído el último libro de Rafael Santandreu, Ser feliz en Alaska, y en él hay, además de una gran ilusión y sabiduría práctica, una serie de herramientas y técnicas para lograr el cambio.

Una de las cosas que me atraen de Santandreu es que cree firmemente en lo que hace y en la eficacia de esta terapia (más de 2000 estudios publicados en revistas científicas la avalan). Y así lo transmite.

Ser feliz en Alaska me insufló ánimo en un momento muy bajo y esta vez decidí no quedarme en el libro. Tomé notas que distribuí por mi apartamento, cada día leo alguna de ellas, y estoy en guardia, alerta para que la transformación sea real y duradera. De momento, va dando algunos frutos, aunque la tendencia es de resistencia al cambio (aquí entra en juego la constancia, el no rendirse nunca).

image (2)
Pósit recordatorio

Cuando pensemos que necesitamos algo para estar bien (no solo algo material, los apegos no materiales son mucho más difíciles de atacar), debemos de decirnos que podemos ser perfectamente felices sin eso; porque nuestra capacidad para amarnos a nosotros mismos, a los demás y a la vida, para crear, para disfrutar del arte, de las pequeñas cosas, para descubrir o para apasionarnos por algo, está intacta. Ahí es donde debemos poner el foco, porque esas son las cosas realmente importantes. Lo que nos genera un bienestar profundo y duradero.

Otro de los argumentos que podemos utilizar es la sana comparación. Tener como espejo a personas que son felices en circunstancias que la mayoría de nosotros ni imaginamos.

Stephen Hawking fue diagnosticado de esclerosis lateral amiotrófica a los veintiún años, cuando le dijeron que le quedaban dos o tres. Ha sobrevivido muchos años más, pero sufriendo un deterioro físico constante que no le ha impedido ser uno de los científicos más importantes y lo que aquí nos importa, no le ha impedido ser feliz.

Lary León, periodista que trabaja en Antena 3,  es otro claro modelo de fortaleza emocional en situaciones adversas. Nació sin brazos y con una sola pierna. Hace unos años publicó un libro titulado Lary, el tesón de una sirena. He buscado vídeos en los que aparece, es una persona que transmite alegría y serenidad, siempre con una hermosa sonrisa.

lary
Lary León

¿Qué? Da un poquito de vergüenza el quejarse porque te duele la espalda, porque tu coche es viejo y da muchos problemas o porque esa persona no te valora de la forma que mereces.

En mi cruzada por la felicidad, he tomado una decisión muy friki, poner fotos de algunas de estas personas y enmarcarlas, para que me acompañen día a día, mostrándome el camino. Para que no se me olvide.

Me gusta poner el ejemplo de los monjes budistas (personas para quienes la meditación y la renuncia son pilares básicos de su filosofía). Han sido estudiados en laboratorios, dando unos resultados excepcionales en diversas pruebas y mostrando la mayor actividad nunca vista en las áreas cerebrales encargadas de las emociones positivas.

Cuando uno va conociendo las figuras de Albert Ellis o de Rafael Santandreu, observa además que integran sus ideas en su propia vida, y les funciona. Hay una anécdota que me gusta especialmente. Ellis, a los diecinueve años, diseñó y protagonizó un experimento con el que pretendía vencer su extrema timidez, y concretamente su miedo a entablar conversaciones con  mujeres y a que estas lo rechazaran. En un mes, se acercó a ciento treinta mujeres en los jardines botánicos del Bronx. Consiguió solo una cita, y la chica no acudió, pero logró algo mucho más importante, vencer el miedo para siempre.

Vi que nada terrible me ocurría si me rechazaban. Ninguna de las mujeres cogió un cuchillo y me cortó el pene. Ninguna de ellas vomitó y se fue corriendo. Ninguna llamó a la policía. Al contrario, tuve muchas conversaciones agradables, disfruté teniéndolas, aprendí cosas sobre las mujeres que no sabía y estaba cada vez menos incómodo y ansioso.

Uno de los últimos libros de Ellis lleva el título de Terapia racional emotiva conductual: A mí me funciona – Puede funcionar para usted.

Yo lo voy a intentar. Pensando.

Anuncios

2 comentarios en “Es el pensamiento, estúpido

  1. Pingback: Somos muertos de permiso – Ficción, o no

  2. Pingback: Una entrevista surrealista y un poco de psicología I – Ficción, o no

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s