Danzad hasta la última lágrima

A menudo estoy solo.

Hay dos cosas que suelo hacer en casa, cuando estoy solo.

Bailo y lloro. Normalmente con música.

La música nos emociona, nos revuelve, nos anima, subraya nuestra tristeza, adorna nuestra alegría, arranca nuestras lágrimas.  La música agita nuestras entrañas. Y, a veces, nuestro cuerpo.

En la vida y en la pantalla.

No voy a descubrir a estas alturas la importancia de la música en el cine. Es un elemento vital para crear emociones. Cuando las distintas piezas musicales están bien ensambladas con el resto de elementos de la película (sincronizándose con la historia, el momento dramático, los actores o el montaje), puede suceder algo; pueden nacer escenas que se filtran por todos los poros del cuerpo hasta tocar hueso, momentos por los que vale la pena vivir. Nunca tiene más sentido la expresión “la magia del cine”.

Voy a hablar de cuatro películas que amo, de cuatro escenas que adoro. Y de algunas más. Pero cuatro de ellas comparten, además de una banda sonora extraordinaria, algún tipo de baile.

Danzas extrañas, o no; brillantes, o no. Pero todas con estilo. Todas emocionan, a su manera.

Frenético es una película totalmente infravalorada, en la que Polanski juega a Hitchcock sin dejar de ser Polanski. Misteriosa, desasosegante.

maxresdefault
Emmanuelle Seigner y Harrison Ford en Frenético

En la escena del baile los protagonistas están en una discoteca ochentera. Suena I’ve Seen That Face Before, una versión de Grace Jones de Libertango, el tango de Astor Piazolla.  Un tema pegadizo, delirante y triste, muy a juego con la insólita, magnética y bellísima Michelle,  personaje interpretado por una Emmanuelle Seigner que poco después se convertiría en mujer de Polanski.

Es extraño, he visto ese rostro antes,

lo he visto rondando mi puerta,

como un halcón acechando a su presa,

como la noche esperando al día.

¿Qué buscas?, ¿encontrar la muerte?

¿Quién te crees?, tú también odias la vida.                        

El personaje interpretado por Harrison Ford está aturdido por los acontecimientos, superado, mientras se deja llevar por ella, que se mueve como una serpiente en su vestido rojo.

Polanski es un autor y en sus películas eso se nota.  En El quimérico inquilino (también rodada en París), una película todavía más delirante, el director introduce una escena de una rara atmósfera en parte provocada por la música que suena, en la que es Isabelle Adjani la que baila. En mi tercer cortometraje, El cumpleaños, intenté evocar esa rara belleza en la escena inicial, cuando baila la protagonista.

Otro que es un autor es Tarantino. Una de las señas de Tarantino ha sido siempre las canciones que escoge y lo bien que se conectan con lo que pone sobre la pantalla. Con ellas ha creado escenas que han pasado a la historia del cine, por su estilo, como aquella inicial de Reservoir dogs en la que oímos Little Green Bag del holandés George Baker. Simplemente no parece posible que en algún momento esa canción haya tenido una existencia independiente. Nunca volví a ser el mismo al caminar con gafas de sol. La escena que elijo para formar parte de las cuatro danzas pertenece a Pulp Fiction. En ella suena Girl You’ll Be a Woman Soon, también una versión, esta vez de Urge Overkill sobre una canción original de Neil Diamond. Otra escena con atmósfera, con estilo.     

Chica, pronto serás una mujer.

He perdido la cuenta de todas las formas en que moriría por ti,

pero todo lo que los demás te dicen es:

“Él no es tu tipo”.

Podría haber elegido la del baile en el concurso, pero esta es de una belleza trágica.

932d651502494496e5be06c720e4e6b3
Uma Thurman en Pulp Fiction

Y en ella pasan muchas cosas. Mia Wallace (Uma Thurman) baila sola, dejándose ir, mientras en el piso de arriba Vincent Vega (Travolta) se habla a sí mismo convenciéndose de que lo que tiene que hacer es bajar y despedirse. Lo que sucede después, es otra historia.

Billy Elliot es una película dura y amable, condenadamente divertida. Una de estas historias tan bien contadas que nos hacen reír y llorar. Cuenta muy bien cómo son los sueños, el talento, la sociedad contaminada de prejuicios. Está muy bien dirigida e interpretada y cuenta como protagonista con un chaval en estado de gracia.

En un momento de la película, el hermano mayor de Billy lo sube encima de la mesa de la cocina (“Vamos a ver cómo coño bailas. Baila imbécil”), mientras discute con la profesora del chaval. Suena The Town Called Malice, del grupo británico The Jam. Cuánto ruido en la cabeza de este crío. Lo que hace Jamie Bell (el actor que interpreta a Billy) en esta película, y concretamente en esta escena, es algo serio. Cómo baila, cómo transmite. Daría un brazo por ser capaz de hacer lo que él hace. Me conformo con subirme al sofá y darlo todo con rabia, energía y dolor.

Mejor deja de soñar con una vida tranquila porque es la única que nunca conoceremos.

Y deja de correr tras ese autobús que se escapa porque los buenos días son pocos.

Y deja de pedir perdón por las cosas que nunca hiciste.

La vida es corta y cruel, pero depende de nosotros cambiar este pueblo llamado maldad.

82a93e977fb1a947073212a18fc40979
Billy Elliot

Al Pacino era mi actor preferido. No sé que le pasa a este hombre, que está sobreactuado hasta en la vida real. Kevin Spacey lo transmite muy bien en una de sus impagables imitaciones. Pero Pacino tiene pasado, está Atrapado por su pasado. Nadie usó la tapa de una papelera como Pacino en esta extraordinaria película de Brian de Palma. Con solo evocar ese momento se me saltan las lágrimas. Ese hombre de regreso, que sigue a su antiguo amor en una noche oscura y lluviosa. Ella se mete en un portal y él sube a la azotea de un edificio. Desde allí, la observa en una clase de ballet, mientras suena el Dúo de las flores de la ópera Lakmé de Léo Delibes. Por Dios. Belleza extrema.

¡Ven, Mallika

las ramas florecidas

derraman ya su sombra

sobre el arroyo sagrado

que corre, calmado y oscuro!

 

1669-2
Al Pacino en Atrapado por su pasado

En esta película hay otra escena que está más allá de todo elogio. Un claro ejemplo de que el cine puede trascender y convertirse en otra cosa, en algo que todavía no tiene nombre. Joe Cocker canta You are so beautiful cuando Carlito (Pacino) llega de noche a la casa de Gail, maravillosa Penelope Ann Miller, y esta abre la puerta lo que la cadena de la misma le permite. Cuanta sensualidad, qué poder. Podría, por supuesto, haber elegido esta escena, porque, aunque no bailan, el amor es una forma de danza.

¿Qué momentos escogeríais vosotros? ¿Qué escena con música y baile con la que danzar hasta la última lágrima?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s