Una entrevista surrealista y un poco de psicología I

En primer lugar, quiero agradecer, y mucho,  a todos los magníficos periodistas que me han entrevistado, y se han hecho eco de la trayectoria de La gabardina azul. Han sido muy importantes para hacer visible la novela.

Amo el periodismo, por desgracia muy deteriorado desde la crisis, o ya antes (pero esa es otra historia).

De hecho, mi admirado tío, un ex periodista llamado Antonio Sánchez Lorenzo, ahora escritor y administrador del magnífico blog cita a las diez, ha sido una ayuda tan bestial en el proceso de edición, corrección (y tantas cosas más) de la novela, que me quedo sin palabras para agradecérselo. Es un genio. Y ahora me dirá que tantos elogios son innecesarios… Es lo que hay.

Vayamos al grano.

Hace unas semanas recibí la llamada de una periodista. Para preservar su identidad, no incluyo su entrevista en el apartado correspondiente.

El objetivo era hacerme una entrevista porque mi novela La gabardina azul estaba obteniendo muy buenos resultados en Amazon, y en el concurso Indie que organiza dicho gigante.

En esos momentos, la novela ocupaba el puesto número 1 en la categoría de Ficción espiritual y religiosa, y yo le expliqué a la inquieta e inquietante periodista que la novela no era religiosa, en algún caso hasta se podría considerar blasfema por algún puritano recalcitrante; le dije (algo que que he comentado anteriormente), que lo de la categoría era cosa de Amazon, que yo la había apuntado como novela psicológica, y ellos habían hecho esa traslación, que dicho sea de paso no me molesta porque considero que la novela tiene una parte espiritual importante.

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Rachel McAdams (Spotlight) haciendo de la periodista

Ella tenía una mirada extraña, o eso creía yo. Estábamos hablando por teléfono.

Su interés parecía estar totalmente volcado  en lo psicológico, y hasta me tuve que hacer fuerte para explicarle que, ante todo, La gabardina azul es una novela de suspense, una novela negra, con referentes literarios como Patrick Lemaître o Don Winslow,  y cinematográficos como Hitchcock.

Ella parecía poner interés, pero su mirada (sí, era una entrevista telefónica, lo sé) delataba que algo se estaba gestando en alguna parte profunda de su cerebro. A la primera de cambio. En un despiste:

¿Qué hay de psicológico en tu novela?

Una parte de mí pensó: ¿Qué hay de psicológico en mi novela? Todo, joder. Cualquier novela que se precie está totalmente impregnada de psicología. ¿Qué puta pregunta es esa? Las novelas las protagonizan seres humanos, ¿sabes?, ¿seres psicológicos?

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Collin Farrell (Última llamada) haciendo de mí

Otra parte se quedó… En blanco. Durante unos segundos pensé: me pilló. Eres un farsante. No tienes ni puta idea de nada, ¿psicología? Capullo. ¿Te has leído unos cuantos libros y crees que puedes dar una entrevista sobre psicología? Empecé a divagar. DIVAGAR. DIVAGAR. La pregunta no ayudaba y la inquietante e inquieta periodista de extraña mirada telefónica tampoco.

Hasta que conseguí centrarme. Me motivé. La novela ha sido recomendada por un centro de adicciones (el Instituto terapéutico gallego); un anterior post sobre adictos en mi blog ha suscitado el interés de la doctora en psicología Victoria Permuy, que ha leído posteriormente la novela y me ha entrevistado sobre la misma para MUNDIARIO, y tengo confianza en mis conocimientos como para hablar de esto, creo.

Expuse con mis palabras algunos de los fragmentos de La gabardina azul donde se tratan ciertos aspectos psicológicos. Y empecé con el tema principal.

La adicción. El fragmento de novela que pongo a continuación es un ejemplo de lo que se considera una recaída en toda regla, y da alguna clave sobre lo que son las adicciones (por cierto, mucha gente es adicta y no lo sabe, y no a sustancias necesariamente).

De todas formas, era cuestión de tiempo.

La recaída se había ido incubando, y una vez que el mecanismo se pone en marcha, mi capacidad para evitarla no es superior a la que tiene un enfermo de cáncer de eludir la temible metástasis.

Es un cáncer de voluntad sin tumor base. Y ataca por igual a voluntades débiles y fuertes, tal es su poder. Tú puedes haber decidido dejar de beber, de drogarte, de jugar al póker, o de realizar cualquier actividad compulsiva que te obsesione, cada uno tiene su propia selva. Pero más te vale hilar fino, para esquivar la llamada, porque en el momento en que la metástasis ataque, la voluntad cede. Así de sencillo. El que dijo aquello de querer es poder merece un nicho en el cementerio de la ignorancia.

A continuación hablo del caos posterior a la recaída, con el craving machacándote, esa fuerza que te impele a consumir más y más, ya que sin sustancia no es posible aguantar el sufrimiento. No, no lo es. Los que lo consiguen han hecho algo imposible.

Desesperado, me arrodillo y busco en el suelo. ¿Acaso estoy rezando? ¿Implorando al dios de la Droga? Veo mis manos en el suelo, las puntas de los dedos tienen sangre seca, de mi nariz, supongo. De momento no quiero verme la cara. No estoy preparado.

Si al menos tuviera algo de alcohol para calmar esta angustia, pero veo a mi alrededor varias botellas de cerveza y una de whisky, todas vacías.

Mi madre estaba tumbada en el sofá de mi salón, leyendo con el ojo derecho un libro de un tal Joël Dicker, y prestando con el oído izquierdo atención a lo que yo decía. Una madre orgullosa. El capullo de su hijo, que le ha dado tantos disgustos como Bárcenas al Partido Popular (pero menos sobres). Si hasta está delante del Dicker este, en alguna lista de Amazon. Es que mi hijo, vale, ha sido un poco difícil, pero es la hostia.

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En el top 100 de Amazon, delante de La verdad sobre el caso de Harry Quebert

Todo cambió de repente. No sé si fue el aleteo de una mariposa o qué narices, pero todo cambió.

ATENCIÓN.

¿Y esto de lo que hablas es algo así como una crisis existencial? me preguntó la periodista.

El mono de Homer empezó a tocar los platillos en mi asombrada cabeza.

Coño, sí, imagino.

Mira le dije—. No entiendo muy bien la pregunta. Todo se puede meter dentro de ese saco de crisis existencial, supongo.

DOBLE ATENCIÓN.

Doy mi palabra de que todo esto sucedió.

Mira, es que yo creo que tengo una crisis existencial.

Su puta madre. Ahora sí que la jodimos.

Ah, ya, ya —digo.

¿Te puedo hace una pregunta personal? —me dice permitiéndome no contestar a lo anterior.

Busqué de reojo alguna cámara oculta, la sonrisa de mi madre comenzó a parecerme sospechosa, busqué en la voz de la inquietante e inquieta periodista rasgos de alguna persona conocida… Tenía que ser una puta broma.

¿Has leído a Carl Jung? preguntó.

Dios mío. Ya jodimos la entrevista. Yo que estaba tan contento de poder hablar de mi libro.

Pero contesté.

Diez páginas. Me pareció un coñazo y lo dejé. (Visualicé a Michael Fassbender haciendo de Carl Jung en Un Método Peligroso, interesante película sobre su relación con Sigmund Freud).

Es que lo estoy leyendo, pero no sé si me ayuda dijo.

Yo sí lo sabía. No te ayuda una puta mierda. Quema esos libros, pensé.

Ya estaba. La periodista había cambiado los papeles, ahora yo era su psicólogo.

Le dije que a mí el psicoanálisis no me interesaba, le recomendé a Rafael Santandreu y toda la terapia cognitiva, cuyo padre es Albert Ellis, así como acercarse al budismo y la meditación (o a su hermano occidental, el mindfulness). Las cosas en las que creo, vamos.

Pero Jung ayudó a mucha gente dijo.

Sí, sí, por favor, le dije No lo dudo. Faltaría más. Simplemente (ya que la conversación había llegado hasta ahí) le expuse lo que yo considero más eficaz (yo y miles de estudios y casos reales), para tratar trastornos emocionales y psicológicos. Pero vamos, no tengo nada en contra de Jung. Seguro que era un tipo muy sabio e interesante, y ayudó a un montón de gente. Y Michael Fassbender lo borda en la película, como siempre.

TRIPLE ATENCIÓN.

¿Y esto del aislamiento, el vacío y las adicciones, no tiene que ver con la esquizofrenia?

Adiós.

Miré a mi madre, tenía una sonrisa que yo no sabía cómo interpretar.

La pregunta tenía tela, pero no sentido. Y no nos olvidemos de que me la estaba haciendo una periodista que venía a entrevistarme por mi novela.

Si quieres saber cómo conseguí salir de esta, y como continúa esta entrevista surrealista, pero ya hablando bastante más de psicología, publicaré en breve la segunda parte del post.

En él, contestaré a la pregunta de la periodista, hablaré del vacío, el aislamiento, Viktor Frankl y la búsqueda de sentido, la tontería esa que al parecer dijo Nietzsche de que “todo lo que no mata hace más fuerte”, y de alguna cosa más.

 Continuará.

La gabardina azul en Amazon, a 2,99 euros.

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3 comentarios en “Una entrevista surrealista y un poco de psicología I

  1. Rosa María

    He leido la novela La gabardina azul y confieso que me sentí atrapada desde el primer párrafo.El tono irònico del autor me ha hecho pasr muy buenos momentos a pesar de todo el sufrimiento con el que carga su protagonista. Un tema tan candente como son las adiciones llevado con una dosis de humor totalmente cinematográfica .En este preciso instante acabo de leer su entrevista y confieso que en algún momento he llegado a pensar que estaba leyendo la sgunda parte de la mencuonada novela. Me declaro adicta sin contemplaciones a este novel autor Daniel Cid.Quiero leer ya la segunda parte de todo

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  2. alejandrorodriguez2016

    La Gabardina es una novela.
    -Vale crack – pensaréis.
    Pero también es un exorcismo, una desesperadísima llamada de socorro, un grito de auxilio ahogado en algún lugar entre Vigo y Cíes y, centrando el tiro, el monólogo interior (quizás también “monoloco” interior) de un tal Roberto que recibe las cornadas de la adicción cada dos páginas. El interés principal del relato es para mí la narración de una vida que pasa sin que el protagonista tenga la más mìnima capacidad de influencia. Un sucedido que escapa al mando de Roberto. Ver cómo tu existencia navega un río histérico viendo la catarata cada vez más cerca. El problema es que cuando enfilas la bajada cascada abajo la caída se prolonga indefinidamente y es ahí donde Roberto (y cualquiera) se arrodilla implorando no ya la salvación (eso queda muuuy lejos) sino el final del sufrimiento.

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  3. Pingback: Una entrevista surrealista y un poco de psicología II – Ficción, o no

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