Una entrevista surrealista y un poco de psicología II

Entramos en la segunda parte de una entrevista que me hicieron para hablar de mi novela de suspense, La gabardina azul. Si en la primera parte me centraba más en la alucinada y alucinante entrevista, en esta me centraré un poquito más en aspectos psicológicos.

Continúo en la pregunta en donde dejé la entrevista en el post anterior.

¿Y esto del aislamiento, el vacío y las adicciones, no tiene que ver con la esquizofrenia? preguntó la inquietante e inquieta periodista.

Adiós.

Como dije anteriormente, la pregunta tenía tela, pero no sentido. Intenté salir del paso, como si hablara con una niña, también inquietante e inquieta, por supuesto. Como todos los niños. Chicho Ibáñez Serrador (sí, el del Un, dos, tres) dirigió una esquizofrénica película de suspense, o terror, sobre estas inquietantes e inquietas criaturas. Se titulaba ¿Quién puede matar a un niño? De verdad, muy buena.

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¿Quién puede matar a un niño?

Le expliqué a la periodista que la esquizofrenia es una enfermedad grave que te lleva a ver cosas que no son reales e interpretarlas como tales (eso es lo poco que yo sé, al menos). Es una enfermedad psicótica.

La adicción es una enfermedad emocional y psicológica grave, que te lleva a consumir compulsivamente algo, pero no es una enfermedad psicótica (aunque si vas muy puesto, puedes ver a Dios y a toda su jodida Familia). Pero de la adicción ya hemos hablado bastante en otros post.

A continuación le hablé, a la inquietante e inquieta periodista, del aislamiento, algo bastante común en sociedades occidentales individualistas y en las que mucha gente se siente sola, incluso cuando no lo está. Roberto, el protagonista de La gabardina azul, dice esto en un momento duro de la novela.

Rompo a llorar con violencia. Con un dolor indescriptible por lo hondo, por lo duro, por lo devastador de su poder. Quiero que Silvia me abrace, quiero que vuelva Noa, que me digan que no ha pasado nada, que me cuiden, que me den otra oportunidad, y que no me dejen solo.

Sobre todo, eso.

Que no me dejen solo.

Llevo sintiéndome solo tanto tiempo. Estoy tan cansado.

Y el vacío, continué, es una especie de falta de sentido en la vida. Nada nos llena, y por lo tanto utilizamos actividades, personas, drogas… que rellenan falsamente ese agujero tan grande que tenemos en el corazón. Roberto sustituía el vacío principalmente con drogas, pero cuando las intentó dejar, sustituyó con el deporte. Muchos utilizan el sexo; otros, relaciones sentimentales. Por ejemplo, Noa, una de las protagonistas de la novela.

Pero la inmaculada Noa tenía un problema que aparecía cada cierto tiempo. Cuando se enamoraba de un chico, lo hacía de una manera obsesiva. Algo pasaba en su maquinaria mental, porque toda la inteligencia que mostraba para otras cosas, se volvía en su contra cuando se trataba de amor.

El caso es escapar.

Borja Vilaseca explica lo del vacío con mucha gracia e inteligencia en este vídeo:

Y ya que estamos con esto, vamos a saltar a un fragmento de La gabardina azul en el que Horacio, encargado de un piso de prostitutas, charla con la joven Silvia, que está buscando a su hermana desaparecida. El narrador (cuando no hay diálogo, vamos) es Roberto.

—¿Cómo te encuentras? —dice Silvia acariciándole la rodilla.

—Bien, me encuentro bien. Estoy aprendiendo a relativizar, boluda. Todo está en la cabeza, en la actitud ante las cosas. Siento no haberme dado cuenta antes. No hubiera enfermado, yo mismo me provoqué el cáncer. Ahora lo sé.

—Eso es una idiotez.

—Escuchame, boluda. Ahora lo veo todo claro. Estoy leyendo, aprendiendo… Nada de lo que nos sucede en la vida, lo bueno, lo malo, nada tiene poder si nosotros no se lo damos.

—¿Qué cojones estás diciendo? ¿Se te ha extendido el cáncer al cerebro?

—Atendé, sé que suena raro, pero está más que comprobado, ¿por qué hay gente feliz con tan poco y gente infeliz que puede parecer que lo tiene todo? Es la actitud, es la manera de procesar las cosas. Si tú tornás la forma de enfrentarte a las circunstancias, todo cambia, porque nada es sino para ti. Nada es por sí mismo.

Joder. Estoy flipando. Esto es lo que me faltaba por ver. El encargado de un burdel dando una lección de psicología.

—Eres joven, te cuesta entender ¿Cómo va la vieja?

—Mal. Se está muriendo, Horacio. Pero supongo que con tu jodida teoría no hay que darle importancia. Que se muere, no pasa nada; que su vida es un infierno por culpa de la tarada de mi hermana, nada. Cambiamos la actitud, vemos las cosas de otra forma, y ya está, la vida es maravillosa.

—En algunas circunstancias es complicado relativizar, eso es cierto, pero piensa. Un psicólogo muy importante, que estuvo en un campo de concentración nazi, descubrió que las personas eran felices aun en las situaciones más dramáticas si eran capaces de darle un sentido a su vida. Si tienen, cómo explicarte, un objetivo vital o algo así.

Coño, eso es lo que me pasó a mí cuando hablé con Silvia, que apareció el sentido dentro del desastre y eso me hizo sentirme mejor.

La persona de la que habla Horacio, del que, confundido,  dice que es un psicólogo, es Viktor Frankl, y fue un neurólogo y psiquiatra austríaco que, efectivamente, sobrevivió a varios campos de concentración y escribió una de las obras claves del Siglo XX, El hombre en busca de sentido. 

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Viktor Frankl

Algunos fragmentos de El hombre en busca de sentido:

“Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias, para decidir su propio camino.”

“Es esa libertad espiritual que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito.”

Roberto, nuestro protagonista, después de este encuentro con Horacio, reflexiona:

Ahora he encontrado el sentido: averiguar qué es lo que está pasando y ayudar a Silvia a encontrar a su hermana para que se la pueda llevar a su madre antes de morir, y de paso salir indemne de todo esto.

Parece como si todo el caos que hay a veces en mi cabeza desapareciera, y me siento fluir hacia un objetivo. Ni siquiera me preocupa el trabajo, no haber avisado. Lo que ahora tengo entre manos es mucho más trascendente

Fluir.

Se habla mucho últimamente de estar en el momento presente, no en el pasado ni en el futuro. El estado de fluir es básicamente eso, y fue desarrollado por Mihály Csíkszentmihályi (excepcional psicólogo al que llegué, como me ha pasado con muchos otros, gracias a Punset), en el excelente libro Fluir (Flow): Una psicología para la felicidad.

Tu mente puede ser un barco a la deriva (pasando de un pensamiento a otro sin control, inconscientemente), o puede ser un barco más o menos bien comandado (que fluya, que se concentre en lo que hace y lo disfrute). Cuando se fluye no hay preocupaciones. Hay concentración y placer.

Esto tiene mucho que ver con la meditación o mindfulness, pero esa es otra historia.

Me gustaría destacar un fragmento de La gabardina azul, en el que el protagonista reflexiona sobre una frase (Todo lo que no mata hace más fuerte), que al parecer dijo Nietzsche, y que mucha gente hace suya.

Nietschze, filósofo alemán al que mucha gente nombra pero al que no creo que haya leído ni dios, debía de ser un tipo bastante listo. Por lo que cuentan. Pero dijo una estupidez tan grande que me dan ganas de quemar todos sus putos libros: Todo lo que no mata hace más fuerte. Hay multitud de ejemplos de que las heridas emocionales o psicológicas pueden no ya no hacer más fuerte sino todo lo contrario. Yo soy uno de esos ejemplos.

Eso sí, se puede conseguir que te haga más fuerte (resiliencia es el concepto, y es un objetivo a conseguir, por supuesto. Yo estoy en ello día a día, y no me voy a rendir. No os rindáis, nunca), pero no es lo habitual.

Podríamos seguir, con conceptos psicológicos tratados con bastante exhaustividad en la novela, como el miedo, el deseo, la motivación, los traumas infantiles, el conductismo… 

Y no nos olvidemos de que estamos en una entrevista, una entrevista que está a punto de acabar. Y acaba con un broche de oro como cualquier obra maestra.

Daniel, ¿cuáles me habías dicho que eran tus referentes? Es que continúa preocupada la periodista—. No sabes lo que me acaba de pasar.

No. No lo sé. Te juro que no lo sé.

Tenía once minutos grabados y se me acaba de borrar todo.

Fin

La gabardina azul en Amazon, a 2,99 euros.

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Un comentario en “Una entrevista surrealista y un poco de psicología II

  1. Patri

    Yo le hubiese dicho la típica y tópica frase de…..yo he venido a hablar de mi libro.
    muy buen artículo, hilando conceptos como resiliencia, resistencia, espíritu de superación…..
    y ante todo MUCHISIMAS FELICIDADES por el éxito obtenido en el concurso. Voy a hacer una comparativa muy cutre y nada intelectual pero de los concursos de cantantes los que tienen más éxito no fueron los ganadores. El talento está en uno mismo y sí, Amazon es una plataforma fantástica pero el mérito es solo tuyo y el boca a boca será muy importante. Felicidades!

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