‘Roberto Antúnez’

Roberto Antúnez era un hombre excepcional. Cuarenta y dos años, bajo, gordo, feo y con gafas, pero tenía un problema. La primera vez que ese problema se hizo notar fue cuando Roberto iba al instituto.

El sexto psicólogo al que acudió le dijo que esa tendencia de su personalidad había nacido como respuesta a las hostias que recibía de sus compañeros. Le explicó que en un noventa por ciento de los casos, un ser humano normal acababa desarrollando una patología si le daban una media de más de treinta hostias a la semana. Sobre todo en la cara.

Un tipo brillante el sexto psicólogo. Hubiera mejorado mucho con el tratamiento, pero aquel hombre también era muy suyo y no encajó bien que Roberto se colara en su casa para robar la ropa interior de sus dos hijas.

Roberto intentó por todos los medios explicarle que el motivo no era sexual, que la fuerza que lo manejaba lo llevaba inexplicablemente no solo a robar, sino a robar las cosas que más le podían complicar la vida, aún a costa de su férrea voluntad.

Por un momento creyó que el sexto psicólogo lo iba a entender, que las lágrimas de comprensión estaban a punto de brotar de sus ojos. Pero aquel hombre tan sereno y brillante tenía también un puño de hierro.  Y ahora Roberto Antúnez es un tipo excepcional, bajo, gordo, feo y sin gafas.

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